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¿Y LAS GRANDES COMPAÑÍAS, QUE?

Como entes legales, ¿se les puede considerar delincuentes faltos de juicio?

por Phil Bartle

tradución de Lourdes Sada

Folleto de adiestramiento

Las grandes compañías sólo conocen una ética

El problema no está en las revelaciones de que grandes compañías como Enron cometen grandes delitos.

El mayor peligro para la sociedad y para el futuro de la humanidad está en que las compañías hagan lo que están diseñadas para hacer, dentro de la ley, y de forma eficiente.

Estudiemos lo que se supone que hacen las grandes empresas:

«La cuestión es si los ejecutivos, suponiendo que se mantienen dentro de la legalidad, tienen alguna responsabilidad en sus actividades empresariales aparte de la de conseguir la mayor cantidad posible de dinero para sus accionistas. Y mi respuesta es no». Milton Friedman (1912-2006) Premio Nobel de economía, asesor económico del presidente Reagan, «gurú supremo del sistema de libre comercio».

Las grandes compañías comerciales tienen una sola ética: hacer beneficios.

Históricamente, nuestras instituciones humanas han tenido multitud de éticas. Aunque son distintas, y quizá no estemos de acuerdo con alguna de ellas, por lo general tienen la responsabilidad de respaldar a la comunidad y la sociedad, promover el bienestar de la población y apoyar actividades en favor de la mayoría.

Las grandes empresas no tienen estas exigencias morales.

Si una empresa hace beneficios a costa de nuestro entorno físico, no pasa nada.

Si se destruyen recursos naturales, empeorando las perspectivas de calidad de vida de nuestros nietos, no pasa nada.

Si las gentes de países lejanos son explotadas y se incrementan sus tasas de mortalidad para que una empresa obtenga beneficios, no pasa nada.

Hacer beneficios como meta u objetivo obedece a una sola motivación: la codicia.

Como las grandes empresas suelen ser propiedad de sus accionistas, que ni vigilan, ni les importa la gestión diaria de la organización, no existe conciencia en esas empresas.

Sólo se premia a los directivos (promociones, altos salarios y recompensas) si aumentan los beneficios, no si son buenos ciudadanos.

El desarrollo del libre comercio, y de una creciente economía global, en sí mismos, son algo valioso y útil a la sociedad.

Significan que se pueden producir bienes y servicios de la forma más eficiente.

Lamentablemente, el trabajo no es tan móvil como el capital, porque los trabajadores tienen familias y raíces en sus comunidades, y no les resulta fácil cambiar su lugar de residencia.

Además, las grandes empresas se aprovechan del comercio internacional rebajando y aumentando los precios de sus bienes al transferirlos entre sus fábricas de distintos países, eludiendo impuestos y falseando sus niveles reales de producción en cada lugar.

Los beneficios pueden incrementarse de forma inmoral cuando hay falta de transparencia.

Esto no sólo les concede una ventaja injusta respecto a las empresas locales, y resta impuestos a los gobiernos, sino que también frustra los objetivos del libre comercio al elevar los costos que soportan los consumidores finales.

¿Y qué hay de las peticiones a los gobiernos, desde muchos ámbitos, para que se asemejen más a la empresa privada?

Es cierto que muchos gobiernos podrían mejorar su eficiencia.

La eficiencia es la razón entre los costes de las aportaciones y el valor de los resultados.

Podríamos conseguir más rendimiento si incrementamos la eficiencia.

Desgraciadamente, esta observación se trastoca al darle la interpretación de que los gobiernos deberían gestionarse de la misma forma que las organizaciones comerciales, como si su responsabilidad fuera la de obtener beneficios.

No lo es.

La responsabilidad de un gobierno es el bienestar de cada uno de los miembros de su población, no sólo de las empresas o los accionistas.

Las grandes empresas tienen mucho interés en reducir sus impuestos, lo que aumentaría sus beneficios, en detrimento de los presupuestos para servicios sociales como la educación, la salud y la protección de las personas más vulnerables.

Si una gran empresa hace una donación a un partido político que aboga por la reducción de impuestos y servicios sociales, se produce un conflicto de intereses.

El caso de Enron también muestra que nuestra sociedad, o la más sofisticada y rica del mundo, los EEUU, no tiene mecanismos de vigilancia y control sobre las actividades de las grandes corporaciones, y sólo depende de la suerte que un empleado denuncie sus actividades delictivas, sacrificando su carrera y reputación al delatar a su empresa y colocarla en la picota.

Rara vez se protege a los delatores, que pagan cara su denuncia.

Entonces, ¿cuáles son los indicadores de las futuras tendencias del rápido crecimiento empresarial en el mundo?

Actualmente, más de cien compañías multinacionales tiene un presupuesto anual mayor que la suma de los ingresos nacionales de más de cien países.

Representan una nueva fuerza política post nacional en el mundo de hoy, una fuerza que debemos considerar.

Como científicos sociales, se supone que no hacemos juicios de valor.

No vemos a las grandes empresas como algo malo, sino como organizaciones sociales con estructuras y procesos específicos.

No obstante, tenemos la responsabilidad de llamar la atención cuando nuestras instituciones sociales producen resultados que no esperamos y que rebasan los objetivos de la sociedad.

Este es un caso clásico.

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Derechos de autor 1967, 1987, 2007 Phil Bartle
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Última actualización: 2011.05.13


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