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| Nuestro sistema
judicial no tiene una política o filosofía cohesiva ni integrada respecto
a los fines y objetivos de las sentencias impuestas a los delincuentes
convictos. |
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| En su lugar,
hay un revoltijo de tres objetivos diferentes, sin justificar a la luz
de la investigación científica sobre el comportamiento humano, y que
son incompatibles entre sí. Estos tres objetivos son: (1)
castigo, (2) rehabilitación, y (3) aislamiento y reclusión. |
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| El castigo
es el fin de más largo historial. En la mayoría de las sociedades
más simples, la norma era la venganza, y la administraban los grupos parentales
del afectado. Con la formación de los gobiernos supremos, como los
reinos, la aplicación del castigo dejó de estar en manos de las familias
afectadas cuando el gobierno central reclamó el monopolio del uso legítimo
de la fuerza, incluyendo las guerras y el castigo a los delincuentes. |
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| El rey o la
corona (que representaba al gobierno central) se convirtieron en la única
institución con derecho a cometer asesinatos, a menudo por decapitación
y después por ahorcamiento, guillotina o cámara de gas. Conforme
el castigo se iba haciendo más «humano» (un oxímoron), la prisión
y el látigo fueron sustituyendo al asesinato de estado. |
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| Lo que se demuestra
con poca investigación es que el castigo no sirve para nada. Desde
luego, condenar a muerte al delincuente nos asegura que no podrá cometer
más crímenes, pero es como tirar al bebé junto con el agua del baño.
A menudo, nuestro modelo refleja de forma inconsciente los viejos westerns
de Hollywood: hay buenos y malos (o como dice
Arbusto [Bush], «Estás a nuestro favor o en contra nuestra»).
El mundo no está compuesto de buenos y malos: hay algo de bueno y de malo
en cada uno de nosotros. La diferencia principal entre nosotros y
los que se encuentran en la cárcel es que nosotros hemos podido evitar
que nos pillaran. Al matar al delincuente, el estado destruye lo
bueno junto con lo malo. |
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| Cualquier castigo
menor, como infligir dolor o malestar, parece estar justificada por nuestro
deseo emocional colectivo de venganza, no por un razonamiento científico
del resultado. Los delincuentes que han sufrido a causa del dolor
tienden a desarrollar un resentimiento creciente contra las autoridades
y contra el conjunto de la sociedad. Además, mientras están encarcelados
viven en una comunidad de presos con grandes conocimientos sobre cómo
cometer delitos, y al volver a la sociedad después de cumplir sus
sentencias, han adquirido estos conocimientos y la imaginación necesaria
para volver a delinquir. La prisión provoca un incremento de los
delitos, no una reducción. |
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| Como aconseja
la Política de Sanidad Primaria de la OMS, la prevención sería mucho
más barata en cuanto a costes financieros y en cuanto al dolor y sufrimiento
de las víctimas y del delincuente castigado. La prevención debería
incluir muchos más servicios a los niños en situación de riesgo.
No obstante, los políticos actuales saben que la mayoría del público
general no piensa de forma lógica ni razonada sobre el delito, experimentando
a menudo sentimientos de culpa, y se inclinan emocionalmente hacia la venganza
en lugar de hacia la razonable solución de la prevención. Como
los políticos buscan su reelección, suelen trabajar a corto plazo, con
políticas expeditivas en lugar de dar una verdadera solución –aunque
sea temporalmente impopular– al problema. |
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| Oímos hablar
de «dejar que el castigo vaya acorde con el delito». Tampoco se
ha reflexionado en este caso. Si un hombre viola a una mujer, ¿su
castigo debería ser una violación? ¿Quién se encargaría de infligir
este castigo? (Si es guapo, quizá lo violen en la cárcel).
O por el contrario ¿se le debería desarmar? (Los agresores sexuales
corren el peligro de sufrir ataques en prisión). Es de sobra conocido
que una sentencia de cárcel implica una sentencia a ser violado en prisión,
o forzado a convertirse en el «cariñito» de alguien más poderoso, a
cambio de su protección contra las violaciones indiscriminadas.
Este es el castigo que reciben los presidiarios que gustan a otros presidiarios,
no todo el mundo. |
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| El segundo
objetivo, la rehabilitación, es bastante idealista en su concepto, y tampoco
tiene demostración científica. |
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| Hablemos primero
del prefijo «re» de esta palabra. Indica el retorno a una condición
previa. Este prefijo implica que el perpetrador era puro y limpio
antes de cometer el delito, y que la actuación del estado pretende volverlo
a convertir en esa persona. Nadie es puro ni limpio, y muchos de
los que llenan nuestras prisiones experimentaron una infancia de tal violencia
que su transformación en delincuentes era algo seguro. La palabra
«habilitación» sería más correcta. |
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| En las décadas
–si no siglos– que este concepto lleva existiendo, nadie ha logrado
concebir un programa para habilitar delincuentes. Es alta la reincidencia,
la tasa de retorno a la cárcel tras la puesta en libertad, y casi llega
al 100% si el delincuente es drogadicto. Hay un delito que tiene
una tasa muy baja de reincidencia: el asesinato no premeditado de la pareja,
pero sigue habiendo peticiones públicas de cárcel para los perpetradores.
El programa de la Universidad de Victoria para proporcionar educación
a los reclusos (que pasó después a depender del SFU), que comprendía
desde la alfabetización al nivel universitario, tuvo un gran éxito en
cuanto a la reducción de la reincidencia, pero no entre los adictos a
la droga. |
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| Probablemente,
la rehabilitación de los delincuentes incluye la educación y la búsqueda
de formas para aumentar la autoestima. Algunos delitos pueden exigir
otros elementos. La pedofilia, la agresión sexual a menores, parece
ser incurable, por lo que la habilitación sería imposible. Existen
dos variedades de pedofilia: (1) los que aman y no desean hacer daño a
los niños, pero ven el sexo con ellos como una forma aceptable de demostrar
su afecto, y (2) los que desean someter a violencia a víctimas vulnerables
e indefensas, que suelen matar al niño. Pocas personas de nuestra
sociedad hacen esta distinción. Los presidiarios desprecian a este
tipo de delincuentes, que se encuentran en el nivel más bajo de la jerarquía
carcelaria, y tienen que recurrir a otros internos para protegerse de la
violencia o el asesinato. Evidentemente, la habilitación tomaría
formas muy diferentes en cada uno de estos tipos. Por el contrario,
los ladrones de bancos suelen tener una altísima opinión de sí mismos,
comparándose con Robin Hood, y normalmente disfrutan de un lugar privilegiado
en la jerarquía carcelaria. Como los drogadictos, estas personas
parecen ser adictas a la adrenalina que produce la acción, y es muy probable
que cometan delitos similares tras su puesta en libertad. |
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| La mayoría
de los sociólogos y psicólogos consideran que el factor que motiva una
violación no es la libido, el deseo de sexo, sino el deseo de ejercer
el poder. En parte, se debe a una extensión de nuestra socialización
según el sexo, y en parte a la incapacidad del violador para sentirse
válido en la sociedad, lo que le impulsa a buscar formas ilegítimas de
poder como compensación. Sería un error utilizar en la rehabilitación
cosas como los tratamientos de choque para disminuir la libido, cuando
la fuente del problema es otra. |
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| La conclusión
es que distintas personas cometen distintos delitos por distintas causas,
pero los mezclamos a todos en la misma jaula, dándoles las mismas experiencias,
cuando es evidente que hacen falta diferentes tratamientos para habilitarlos
con éxito. |
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| Es estúpido,
si no imposible, combinar habilitación con castigo. Nadie es capaz
de aprender mientras le infligen un castigo, y lo que menos se aprende
es a tener autoestima. El resentimiento y el dolor se lo impedirán. |
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| El término
«reclusión» sólo significa el hecho de mantener encerrados a los presos
hasta que terminen su condena, sin castigarlos ni intentar habilitarlos.
Por definición es incompatible con los otros dos. Se justifica por
el deseo de mantener a esas personas alejadas de la calle, y de «proteger»
a la sociedad asegurando su aislamiento. La lógica falla puesto
que la mayoría de las sentencias son por un periodo finito de tiempo,
y los condenados acabarán por recuperar la libertad. Habrán adquirido
nuevos conocimientos y nuevos sentimientos negativos contra las autoridades
y la sociedad en general. |
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| No importa
qué fines persigue una sentencia, fracasará porque los reclusos reciben
mensajes mezclados y experiencias contradictorias. Esto es lo que
proporcionamos en la actualidad. |
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