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¿POR QUÉ ALFABETIZACIÓN PARTICIPATIVA?

Razones para diseñar un programa a medida para cada comunidad

por Phil Bartle, PhD

traducción de Mª Lourdes Sada


Dedicado a la memoria de Peter Gzowski


Fundamentos de esta metodología

Justificación y base para el diseño a medida de un programa de alfabetización funcional

¿Qué tiene de malo un contenido predeterminado?

Aprender a leer y escribir significa aprender a identificar símbolos escritos (letras, caracteres), a reproducirlos y a relacionarlos con palabras y frases que decimos y oímos. Si profundizamos, hay muchos símbolos por aprender ─de hecho, un número infinito─ , y podemos seguir estudiando el resto de nuestras vidas. Estos símbolos se pueden agrupar en vocabulario, ortografía, gramática, etc.

Si quien los elige es un escritor de libros de texto con el que no tenemos ninguna realción o el creador de un programa nacional o internacional, es muy probable que sea menos relevante, menos local, menos comprensible y menos práctico que si son los propios alumnos los que determinan qué deben estudiar. Por eso en este sitio web no le damos una lista de palabras que enseñar a sus alumnos. Una lista predeterminada estaría mal; su enseñanza (en el sentido tradicional de «enseñar») también estaría mal.

Por lo tanto, su método debe incluir una valoración, bajo su tutela, hecha por los alumnos, de las palabras, significados, conceptos e intereses que más utilizan –que mejor entienden– que son más relevantes.

Además, su método no debe ser una imitación de lo que veríamos en una clase tradicional.

¿Qué tiene de malo el método tradicional de enseñanza?

Una charla consiste esencialmente en una sola persona que presenta un discurso escrito con antelación (preparado) a un grupo de oyentes. Muy a menudo, no todos escuchan. Una presentación es simplemente una charla elaborada, quizá ilustrada con diapositivas, proyecciones, dibujos y palabras en una pizarra, quizás una película o una grabación.

La sociología de una charla nos indica que hay una cierta distancia social entre el orador y los oyentes (estructura de clase). Esta diferencia de clase puede ser una barrera para el aprendizaje. El método de charla o presentación va de «arriba a abajo». Se supone que el orador, de alguna forma, está por encima de los oyentes.

Aparte de las actitudes y comportamiento del orador, la estructura social en sí misma implica diferencias, menosprecia a los alumnos. Más aún, asume que hay cierta ordenación absoluta, es decir «correcta» del conocimiento, en la que el orador tiene los conocimientos y los alumnos no, pero se espera que aprendan. No se fundamenta en la realidad de los alumnos.

Añada a todo esto las características psicológicas de nuestra tendencia a aprender. Se espera de nosotros que aprendamos de muchas formas, mirando, escuchando (libros, películas, vídeos, dibujos, conferencias, eventos ).

Los maestros con experiencia saben que pedir a los niños que repitan lo que ellos dicen, y luego recitar el material al unísono, que es una forma de «practicar», se traduce en una retención efectiva por pare de los niños. Por desgracia, ese método está demasiado reglamentado por profesores adultos, y esta reglamentación se convierte en una barrera. Aún así, entre las diferentes formas de adquirir nuevos conocimientos e informaciones, la de aprender «haciendo» es la más efectiva.

¿Y?

¿Cómo afectan todas estas consideraciones a la forma en la que debe diseñar un programa de alfabetización básica para adultos analfabetos? La estructura de un planteamiento participativo que se expone a continuación puede ser su guía para diseñar a medida un programa diferente para cada comunidad o para cada grupo de alumnos.

¿Qué es lo que debe abarcar un programa participativo diseñado a medida?

Elabore un programa de alfabetización a medida para satisfacer las necesidades y condiciones de sus alumnos. Utilice los principios que se detallan en este sitio web, sobre todo el principio de potenciación.

En lugar de una clase y un maestro, utilice el aula para planificar e investigar, organice salidas y proyectos en los que se incluya la alfabetización, pero casi como una actividad secundaria, y en los que usted no el la fuente del conocimiento (experto, profesor), sino el guía turístico en una aventura de descubrimiento de los alumnos.

Determine el contenido (lo que se va a aprender), sobre todo el vocabulario, con métodos participativos. Las palabras que compondrán la lista a aprender deben salir de los alumnos. Su tarea consiste en utilizar métodos como la EPR/ERP para extraer esa lista de ellos. Al igual que en EPR, elabore un «mapa» de las necesidades e intereses de cada conjunto de alumnos. Hágalo cada vez, incluso si adiestra a más de un grupo de la misma comunidad.

En las sesiones de planificación con los alumnos, organice «proyectos» y «salidas» en las que los alumnos produzcan un resultado. Los resultados pueden ser folletos y carteles relacionados con los intereses cotidianos. Sea creativo y piense en otros resultados de los proyectos que sean significativos.

Utilice el aula como sala de reuniones para planificar proyectos y salidas, más que como clase para «dar la lección». Úsela también como sala de reuniones para la investigación y la conclusión de cada proyecto. Si tiene una habitación con una mesa y sillas alrededor, como las salas de seminarios o de juntas, mucho mejor.

Cuando ayude a los alumnos a escribir las palabras que han escogido como significativas en la implementación de cada proyecto, no pretenda la perfección. Pase por alto los errores ortográficos. Pase por alto los errores gramaticales. No son importantes al principio de la alfabetización. Aunque la gramática y la ortografía perfectas no son importantes en esta etapa, sí lo es el establecimiento del concepto de hacer símbolos escritos que todos puedan entender. Su meta es hacer posible que los alumnos puedan conseguirlo, y se convenzan de que pueden hacerlo.

No se limite a las palabras escritas. Incluya números. Incluya dibujos esquemáticos... También forman parte del proceso de alfabetización, son símbolos que se transmiten entre la gente por medio del papel. Aprender a usar y comprender dibujos y números es parte del proceso general de alfabetización, y refuerza el aprendizaje de letras y palabras.

No enseñe un alfabeto (lista alfabética de caracteres) como alfabeto. Enseñe sólo las letras y caracteres que aparecen en las palabras que el grupo ha elegido como primordiales. Use más de un alfabeto si el conjunto de la comunidad utiliza varios. Cuando sea adecuado, relaciones las palabras (es decir, grupos de letras) con dibujos del mismo significado.

Colóquese al lado de los alumnos cuando trabajen en un proyecto, en lugar de ponerse al frente de la clase. Sea un guía a su disposición. Procure muchas reacciones positivas: reconocimiento de los logros (identificar los caracteres y otros símbolos es un GRAN logro) y elogios honestos (ni superficiales ni excesivos).

En resumen:

Este planteamiento, la elaboración del programa a medida para cada comunidad, requiere más creatividad y reflexión por parte del mediador, evita la enseñanza a base de fórmulas o memorización y tendrá efectos más valiosos y perdurables.

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© Derechos de autor 1967, 1987, 2007 Phil Bartle
Diseño web de Lourdes Sada
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Última actualización: 13.04.2011

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