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COMPARTIR LA FELICIDAD A TRAVÉS DE LA ERP

por Kamal Phuyal (Nepal)

traducción de Mª Lourdes Sada

«Los participantes en el adiestramiento no se concentran en los contenidos de éste, sino en el comportamiento del instructor, sea el que sea, así como en lo que dice o enseña dentro y fuera de la clase. Más aún, los participantes actuarán de acuerdo a lo que han aprendido si les convence el comportamiento práctico de su instructor».

(Mr. Uttam Dhakhwa, foro compartido de espiritualidad y desarrollo).

¿Para qué usar la ERP? Esta cuestión ha surgido en varios foros, como clases o talleres. En mi experiencia, he distinguido tres componentes de mayor importancia de la ERP: el aspecto de comportamiento y actitud, el aspecto de concepto y percepción y el aspecto práctico (de aplicación de las herramientas ) o de conocimientos. Este tercer aspecto está muy claro, se concentra en el uso de lo que se ha aprendido, y parece que la mayor parte del adiestramiento se centra en él. El adiestramiento comienza con la historia de la ERP y termina con la aplicación de las herramientas.

El primer componente trata la cuestión ¿quién debe utilizar la ERP? ¿cuáles son las características que precisan tener los que la practican? La segunda pregunta se concentra en por qué utilizar la ERP, ¿por qué no otras herramientas? ¿qué valores especiales tienen la ERP? Asimismo, el tercer componente se centra en cómo utilizar estas herramientas con mayor eficacia, ¿cuál es el proceso de su aplicación?

La participación de los vecinos depende de la actitud del moderador de la ERP.

Desarrollo significa felicidad compartida

Una vez, uno de mis colegas me preguntó «¿sabes qué quiere decir desarrollo? Según mi experiencia, es, sobre todo, compartir la felicidad con los demás», explicó, dando varios ejemplo que había vivido, y me gustó esa idea de desarrollo.

He tenido oportunidad de visitar muchos proyectos de desarrollo: algunos que cuestan millones de rupias y otros sólo unos pocos cientos. Una vez estuve en un pueblo cerca de Pokhara, a unos 200 Km de Katmandú. Estábamos haciendo una evaluación participativa para una potabilizadora de agua. Disfrutamos mucho allí, pasamos mucho tiempo con los vecinos, que estaban encantados de tenernos en su pueblo. Financieramente, era un proyecto pequeño, una colaboración conjunta entre la dirección comarcal de cuencas del gobierno y una organización japonesa, con un total de 35.000 rupias para su conclusión. Durante nuestra estancia, las mujeres nos contaron esta anécdota, referente al proyecto:

Una Didi (hermana) vino a trabajar a nuestro pueblo. Le ignoramos durante mucho tiempo. Los lugareños le dijeron que se marchara ( pues habían tenido algunas experiencias desagradables con anteriores trabajadores de desarrollo), pero en vez de eso, estuvo pensando en nuestros problemas durante toda la noche. Era una persona muy agradable. Al final, acabó por gustarnos y trabajamos juntos en muchas cosas. Ahora tenemos nuestras propias cooperativas. Se impartieron clases de alfabetización. Nos lo pasamos muy bien. Estábamos felices de trabajar con ella y disfrutamos mucho. Terminamos nuestros trabajos felizmente, ¿sabe? Aún ahora, nos entusiasma recordar esos días. Estamos orgullosos de nuestro proyecto y nunca lo dejaremos extinguirse, aunque sólo sea para que nos recuerde el tiempo que pasamos en su compañía.

Estos vecinos ni siquiera podían pronunciar correctamente el nombre de las organizaciones, lo único que revelaban continuamente era que estaban muy contentos de haber podido trabajar con esa Bikase Didi («hermana trabajadora de desarrollo »). Por desgracia, no pudimos conocerle, pero cuando preguntamos por ella, lo que supimos es que le gustaba mucho trabajar con campesinas. Nos enteramos de que su consigna era compartir la felicidad con los demás. Y la compartió con los vecinos del pueblo. El proyecto de potabilización de agua era el medio para compartirla, y esa felicidad logró el éxito del proyecto. A la gente del pueblo no les importaba cuánto dinero se gastó en el proyecto, ni siquiera recordaban la cantidad. Durante todo el periodo de la evaluación, lo que repetían era lo contentos que estaban. Esta felicidad les animó a hacer muchas otras cosas. Ahora tienen su propia cooperativa, y las mujeres han formado un comité de mantenimiento. Han establecido grupos de ahorro. «Estamos felices de pertenecer a un grupo, venimos aquí y compartimos nuestros problemas, y también podemos compartir nuestra felicidad», nos dijeron.

Una vez, una de las organizaciones multilaterales más importantes se gastó 1,5 millones de rupias en un proyecto de potabilización de agua en el distrito de Nuwakot, al norte de Katmandú. Sin embargo, cada comité de desarrollo local ( CDL), que cubre alrededor de 800 familias (en varios pueblos ) recibe sólo 500.000 rupias del gobierno como presupuesto anual. En este caso hubo un largo conflicto entre el proyecto y los vecinos. Éstos no estaban contentos con el proyecto, aunque les solucionaba el problema de tener que ir a buscar agua a una gran distancia. En su evaluación del proyecto, los vecinos comentaron:

La construcción del proyecto está casi terminada, pero ni siquiera conocemos a la gente que lo ha llevado a cabo. Continuamente están cambiando a los miembros del personal. Nunca vemos a la misma persona dos veces en el pueblo. No lo consideramos un proyecto nuestro. Nos enteramos de que habían formado un grupo de trabajo, pero no sabemos quién. Deben ser algunos líderes políticos. El personal no tiene una oficina aquí, ni un sitio permanente para quedarse. Lo normal es que se vuelvan con su vehículo a Katmandú o a Trishuli (donde tienen la sede del distrito) después de visitar las obras. Uno de los contratistas de un pueblo vecino tiene la responsabilidad de la construcción. Una vez fuimos a hablar con el personal, y nos atendieron con amabilidad.

Los vecinos han estado yendo a buscar agua a la fuente más cercana durante años, y es posible que sigan haciéndolo en el futuro. A la gente del pueblo no se le preguntó qué querían, qué era lo que realmente pensaban. Lo planificaron extraños y se implementó con la ayuda de gente que no tenían problemas propios de suministro de agua. En este caso, nos parece que el proyecto no puede ser el medio de compartir la felicidad. El abismo entre los vecinos y el proyecto comenzó a agrandarse desde el momento en que éste comenzó. Parece evidente que el personal siempre consideró el proyecto como una parte de su trabajo. Están convencidos que ser muy amables trayendo ese proyecto al pueblo. No están listos para tomarse el tiempo de hablar con los vecinos; si no hablan con ellos, ¿cómo van a compartir la felicidad?

Nuestra historia dice mucho a propósito del trabajo participativo hecho por la propia gente de la comunidad. Se encuentran muchos ejemplos de gente que ha construido templos, escuelas y carreteras, que ha excavado pozos y estanques...y los hacían como si estuvieran celebrando una ceremonia. Si lo analiza, verá que la motivación principal tras todas estas cosas era compartir la felicidad. Cantaban canciones, dirigían el trabajo social colectivamente, compartían la comida con los demás, se reían, se divertían y terminaban la obra. A veces, compartían su felicidad dando algo a los demás, otras, recibiendo de los demás, y otras compartiendo lo que tenían.

Una vez, una gran organización ofreció un trabajo a una de mis colegas. Ella reflexionó mucho y rechazó la oferta. Nos dijo:

No estoy segura de si voy a tener un «entorno feliz» en este nuevo sitio. Estoy muy contenta de trabajar aquí con colegas con los que puedo compartir mi felicidad. Disfruto de mi trabajo. Claro, ellos me han ofrecido doble salario y muchas facilidades, pero temo perder mi felicidad.

Compartir la felicidad a través de la ERP

Hasta ahora, la ERP no nos ha parecido aburrida. Hace poco, repasé 60 informes de adiestramiento de ERP. Consulté la parte en la que los participantes hacen la evaluación, normalmente al final del adiestramiento. Ni uno sólo de los informes me pareció aburrido. Se pueden leer cosas como: «diez días que han parecido diez minutos», «el proceso de aprendizaje era como un juego»,«en ningún momento nos aburrimos», «nos reímos muchísimo», «compartimos mucho», etc. Lo que se aprende con la ERP se puede aprender de otras formas. Aún así, uno de los valores más importantes de la ERP, según mi experiencia, es que crea un entorno para compartir la felicidad. Los participantes no sienten que exista una jerarquía, no notan disparidades (socioeconómicas, de casta, de sexo) en este ambiente. Todos ríen, aprenden y comparten. Compartir la felicidad desarrolla un sentimiento de cercanía entre los participantes que es lo que en resumidas cuentas pretende la ERP, ya sea durante el adiestramiento o en la comunidad.

«Sabe, cuando los vecinos hacen el mapa, mueven piedras, palos y hacen casas. Se acuerdan de que están haciendo un mapa durante el primer cuarto de hora. Después se olvidan de que están jugando con piedras y otros materiales locales. Entonces se encuentran con la realidad. Gritan, ríen, hablan abiertamente, y a veces incluso se enfadan. Así, lo que yo he notado es que después de quince minutos se inicia la discusión y el análisis real, y es el momento de comenzar a compartir la felicidad. Cuando se termina el tiempo artificial y empiezan a compartir la felicidad, otros vecinos que se habían mantenido apartados se lanzan a la participación en el ejercicio. Incluso los analfabetos y los marginados que vacilaban en hablar públicamente participan. Compartir la felicidad hace más fácil el proceso»
(Comentario de uno de los mediadores de ERP)

Pero ERP sin «felicidad compartida» se convierte en algo aburrido y muy técnico. A veces también incluso en algo peligroso. Una vez, los presidentes de un CDL del distrito de Dhading, cercano al de Katmandú, nos contaron su experiencia al ver a una «banda de ERP» hacer esto:

«Vino un equipo de ERP encabezado por cuatro o cinco porteadores que acarreaban sus tiendas y sus víveres. Cuando llegaron al pueblo, algunos fueron a buscar pollos y otros a cortar ramas para hacer un fuego de campamento. Un grupo de jóvenes se acercó a la fuente y comenzó a molestar a las chicas del pueblo. Por la noche, tenían una gran velada cultural. Tocaron música Angreji (en inglés) y comenzaron con los bailes de discoteca. Gritaban, y el baile terminó cuando dos borrachos empezaron a pelear. Al día siguiente, reunieron a siete u ocho personas, incluidos tres de la casa en la que se alojaban, e "hicieron la ERP"».

Este tipo de ERP no participativa no comparte la felicidad, sino que se la roba a la gente. Más aún, estos ejercicios de ERP, plagados de intereses privados, arruinan los valores de la ERP.

Cualquier cosa que se haga a través de la ERP se puede hacer de otra forma. Otras técnicas también pueden atraer la participación de la gente de la comunidad. Podemos animar a los analfabetos y marginados a participar en los procesos de desarrollo utilizando otras técnicas. Pero el valor más importante, la contribución principal de la ERP, es que tiene la capacidad de crear un entorno para compartir la felicidad.

Una vez se estaba clasificando por orden de «riqueza» en un pueblo del distrito de Sindhupalchowk, al noreste de Katmandú. Lo hacían un grupo de vecinos. Pusieron a un anciano en un «nivel bajo» (pobre). El anciano también estaba en el grupo, y lo negó. Discutieron durante bastante tiempo, los demás pretendían demostrar que era pobre dando ejemplos. En realidad, lo que querían era ayudarle puesto que dentro del proyecto se preveían programas para los pobres. El anciano no poseía nada, le resultaba difícil incluso conseguir hacer dos comidas diarias. El anciano dijo: «no tengo comida suficiente, pero soy feliz. ¿Sabéis? soy la persona mas feliz de este pueblo. ¿Me habéis visto alguna vez triste o deprimido? ¿Cómo podéisdecir que soy pobre?». De hecho, era el que habitualmente llevaba la voz cantante o lideraba cualquier trabajo social. Al final, los otros le pusieron en el «nivel intermedio».

Después de este ejercicio, hablamos con él largamente, y nos dimos cuenta que él mismo era una fuente de felicidad. Todos los vecinos le echaban en falta cuando se iba durante unos días. El equipo de ERP era consciente de que, por supuesto, las necesidades básicas (como mínimo) son un derecho de todos los seres humanos, y que el hambre puede crear obstáculos para la consecución de la felicidad. Pero en cualquier caso, el bienestar económico no puede compararse con el bienestar emocional y espiritual.

El mes pasado tuvimos un debate sobre desarrollo y espiritualidad. Alguien preguntó: ¿Y qué hay de la potenciación de la sección marginal de la sociedad ? ¿Con quién comparten la felicidad? Este debate llevó a conclusiones como:

«Queremos justicia, no queremos disparidades, no queremos explotación, y deseamos 'la potenciación de los desposeídos'. Por lo tanto, queremos que la gente marginal o necesitada participe en su propio proceso de desarrollo. Queremos escucharles. Queremos conocer sus ideas. Queremos ser sus amigos en el proceso de su potenciación. Y lo queremos, no porque sea nuestro trabajo, sino porque así seremos más felices. Queremos «elevarles» y hacer las disparidades más pequeñas. Tenemos que hacerles sentir que queremos ser sus amigos en el proceso de su fortalecimiento. Así es como compartimos la felicidad con ellos. Una vez que comprendan nuestros deseos, ellos también comenzarán a compartir la felicidad con nosotros. La ERP puede ayudarnos mucho a compartir la felicidad con los marginados. La ERP elimina todas las formalidades entre nosotros y ayuda al proceso a mantenerse por su forma de pensar.

Uno de los presidentes de CDL nos contó su experiencia de utilización de la ERP para la planificación.

«Antes de la ERP, teníamos por costumbre recabar las peticiones de cada distrito. En esa época, nuestra mesa sufría mucho, porque todos y cada uno de los miembros del distrito intentaban demostrar que sus requerimientos eran los más importantes ¡dando golpes en la mesa! De alguna manera, esta forma de clasificar las prioridades por parejas salvó nuestra mesa en aquellos tiempos. Ahora las clasificamos más pacíficamente».

Es a través de este proceso que me di cuenta, por las experiencias que había tenido hasta entonces, que la ERP nos ayuda a compartir nuestra felicidad con los vecinos, y a ellos, a compartir también la suya con nosotros, y en especial con los vulnerables y marginados. Creo que reflexionar sobre los aspectos positivos (de cualquier cosa) puede ayudarnos a avanzar en el desarrollo. Pensar sólo en los aspectos negativos nos aprisiona; no podemos avanzar si nos concentramos sólo en lo negativo.

Kamal Phuyal
Nepal
Artículo presentado al taller del IDS «Caminos hacia la participación»

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Última actualización: 14.04.2011

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