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La dimensión tecnológica de la cultura:
Recuerde que no son sólo las herramientas físicas en sí las que hacen la dimensión tecnológica de la cultura, sino las ideas aprendidas y los comportamientos que permiten al hombre inventarlas, utilizarlas y enseñar a los demás sus conocimientos sobre ellas. La tecnología es una dimensión cultural tanto como lo son las creencias y patrones de interacción: es simbólico. La tecnología es cultural. Esta dimensión cultural es lo que los economistas llamarían «capital real» (a diferencia del capital financiero). Es algo valioso que no se produce para su consumo directo, sino para utilizarse en incrementar la producción (y por lo tanto la riqueza) en el futuro: inversión.
En el desarrollo de la capacidad, es uno de los dieciséis elementos de fuerza que cambia (se incrementa) cuando una organización o comunidad se hace más fuerte. En la guerra contra la pobreza, la tecnología proporciona un importante conjunto de armas. Para una persona o familia, la tecnología incluye su casa, mobiliario y enseres, como electrodomésticos, utensilios de cocina, puertas, ventanas, camas o lámparas.
El idioma, que es uno de los rasgos más importantes de un ser humano, pertenece a la dimensión tecnológica (es una herramienta). Acompaña a las comunicaciones como radio, teléfonos, televisión, libros y máquinas de escribir (ahora los ordenadores).
En una organización, la tecnología incluye escritorios, ordenadores, papel, sillas, bolígrafos, local de oficinas, teléfonos, labavos y comedores. Algunas organizaciones tienen tecnología específica: las pelotas y uniformes de los clubes de fútbol, pizarras y tiza en las escuelas, altares y asientos de iglesias, armas y porras en la policía, transmisores y micrófonos de estaciones de radio.
En una comunidad, la tecnología comunitaria incluye servicios como alcantarillado público y fuentes, caminos, mercados, hospitales, escuelas, señales de tráfico, parques, centros comunitarios, bibliotecas, campos de deporte. La tecnología de propiedad privada puede incluir tiendas, fábricas, casas y restaurantes.
Cuando un facilitador estimula en una comunidad la construcción de una cloaca o un pozo, se introduce nueva tecnología. Un pozo (o cloaca) es una herramienta en la misma medida que lo es un martillo o un ordenador.
En general ─con excepciones─, la tecnología es quizá la dimensión en la que es más fácil introducir cambios culturales y sociales. Es más sencillo introducir una radio de transistores que una nueva creencia religiosa, un nuevo conjunto de valores o un nuevo tipo de familia. No obstante, paradójicamente, la introducción de nueva tecnología (por invención o traspaso) llevará a cambios en todas las otras dimensiones de la cultura.
Recuerde que siempre hay excepciones: en las sociedades menonitas, por ejemplo, existe una decisión consciente común de resistirse a la introducción de nueva tecnología. Se apoyan en la preservación de tecnologías antiguas, como los carros y arados tirados por caballos (no hay tractores, ni coches, ni radios), para reforzar su sentido de identidad cultural.
Estos cambios no se pueden predecir fácilmente, ni van siempre en la dirección deseada. Cuando suceden, puede parecer lógico, aunque no se hayan podido predecir con anterioridad.
A lo largo de la historia de la humanidad, la tecnología ha cambiado para hacerse más compleja, más sofisticada y con un mayor control sobre la energía. Una forma no siempre reemplaza otra inmediatamente (aunque los arados de tracción animal se han pasado de moda desde que el automóvil ha ido sustituyendo al caballo a lo largo de un siglo de cambio).
Normalmente los cambios son acumulativos, las herramientas y tecnologías más antiguas se extinguen cuando se hacen relativamente menos útiles, menos eficientes y más caras. En un punto de la historia, la recolección de plantas silvestres y la caza dio paso a la agricultura (excepto en pequeños grupos residuales). De la misma forma, la agricultura ha dado paso a la industria. La gente que todavía utiliza tecnologías menos eficientes acaba a menudo marginada y condenada a la pobreza. La tecnología más avanzada (tecnología de la información, ordenadores, internet) está a disposición de una pequeña minoría dentro de la población mundial.
La tecnología que los activistas deben introducir puede corresponder al campo de la medicina (hospitales y medicamentos), la salud (higiene, agua potable), construcción de escuelas o mercados cubiertos en áreas rurales. No es que los residentes no sepan que existe antes de movilizarse para conseguirla, simplemente no la tienen. El activista tiene que estar preparado para comprender los efectos que la introducción de un cambio en la dimensión tecnológica pueda tener en las otras dimensiones de la cultura.
La dimensión económica de la cultura:
No son los objetos físicos como el dinero los que constituyen la dimensión económica de la cultura, sino la variedad de sus ideas, valores y comportamientos que hacen que los hombres den valor al dinero (y otros elementos) dentro del sistema económico que han creado y utilizan. La riqueza no es solamente dinero, al igual que la pobreza no es sólo su carencia.
La riqueza es uno de los dieciséis elementos del fortalecimiento comunitario o de la capacidad organizativa. Cuando una organización o comunidad posee más riqueza (que pueda controlar como organización o comunidad), tiene más poder y mayor capacidad para conseguir las cosas que necesita.
A lo largo de la historia de la humanidad, la tendencia general del cambio económico ha sido la de aumentar la complejidad. Un sistema no reemplaza inmediatamente a otro, pero se añaden nuevos sistemas, y los menos útiles van muriendo poco a poco.
En los grupos pequeños y simples, la riqueza (cualquier cosa escasa y útil) se distribuye por obligaciones familiares elementales. Cuando alguien llega a casa con alimentos o ropa, se reparte entre los miembros de la familia sin esperar una devolución inmediata.
En la historia de la humanidad, según la sociedad se hacía más compleja y se establecían contactos entre grupos diferentes, surgieron varios tipos de comercio simple en forma de trueque. La distribución entre los miembros de un grupo familiar se mantuvo más o menos igual. Cuando el trueque se hizo más intrincado, aparecieron nuevas instituciones que simplificaron la contabilidad: moneda, cuentas, bancos, crédito, tarjetas bancarias, tarjetas de crédito. Esto no eliminó inmediatamente formas anteriores, pero los regalos y la distribución familiar se fueron convirtiendo con el tiempo en una forma relativamente minoritaria dentro del amplio registro de los sistemas de distribución.
Recuerde que el dinero (monedas, billetes) en sí, no tiene valor intrínseco. Sólo tiene valor porque la sociedad –la comunidad, la cultura– le ha adjudicado un valor. Por ejemplo, un billete de cien dólares es un simple papel que puede usarse para encender un fuego o para liar tabaco, pero su valor simbólico es mucho mayor.
En una comunidad, encontrará varias formas de distribución de la riqueza. Es importante que aprenda cuáles son, qué cosas se pueden dar, cuáles pueden cambiarse y cuáles se pueden vender y comprar. En muchas sociedades algunas cosas no pueden venderse, como los favores sexuales, la esposa, la hospitalidad, los hijos, la diversión y muchas otras. Aprender cómo están distribuidas, en qué condiciones y entre quién es parte de la investigación que tiene que llevar a cabo.
Cuando una comunidad decide asignar a todas las residencias un suministro de agua con tarifa plana o pagando según el gasto que tenga cada una, está eligiendo entre dos sistemas muy diferentes de distribución económica. El activista debe estimular a la comunidad a elegir lo que quiere de forma coherente con los valores y actitudes predominantes. (Un buen activista no intentará imponer su noción de cuál sería el mejor sistema de distribución: los miembros de la comunidad, todos juntos, tienen que llegar a una decisión consensuada).
La dimensión política de la cultura:
El poder político se encuentra entre los dieciséis elementos del poder comunitario o de la capacidad organizativa. Cuanto más poder político e influencia se tiene, mayor facilidad para hacer las cosas que se desean.
Un activista debe ser capaz de identificar los diferentes tipos de líderes en una comunidad. Algunos poseen una autoridad tradicional, otros, carisma personal. Al trabajar con una comunidad, el activista tiene que ser capaz de desarrollar el sistema existente de toma de decisiones para promover la unidad comunitaria y la toma de decisiones en grupo de forma que beneficie a toda la comunidad y no sólo a los que tienen intereses creados.
Al principio de la historia humana el liderazgo (poder e influencia) era difuso, temporal y mínimo. En una pequeña pandilla de recolectores y cazadores, el líder sería cualquiera que sugiriera y organizara una partida de caza. En los grupos pequeños no había jefes, ancianos o reyes. Los antropólogos los denominan grupos «acéfalos» (sin cabeza).
Al ir progresando la historia, los sistemas políticos se hicieron más complejos: el poder y la influencia se incrementaron y comenzaron a afectar a un mayor número de personas. Los niveles de sofisticación política y jerarquía oscilan de los grupos acéfalos, bandas y tribus a los reinos o estados.
En una organización política simple, como una banda, hay muy poca diferencia entre el poder y la influencia que ostenta el líder y el del miembro de menos categoría de la banda. Comparemos esa diferencia de poder e influencia con la existente entre el presidente de Estados Unidos y cualquier empleado subalterno que limpia los servicios en un hotel de los suburbios de Washington.
Todas las comunidades, incluyendo en las que usted trabaja, tienen agún tipo de sistema político, y siempre existen distancias entre los niveles más altos y más bajos de personas o grupos. Su primera tarea consiste en comprender cómo funciona, cuánto poder e influencia hay repartidos (no siempre en la misma forma), y qué cambios están sucediendo.
Cuando estimule la formación de un comité de desarrollo, ejercerá cierta influencia en esa ordenación del poder. Y será responsable de activar un incremento de la complejidad política si ese es el primer comité de este tipo en la comunidad.
La dimensión institucional de la cultura:
Las personas ajenas a la sociología piensan en la dimensión institucional de la sociedad cuando oyen esa palabra, «sociología». Pero es sólo una de las seis dimensiones de una organización social (cultura).
Esta dimensión tiene que ver con la forma en que la gente actúa en relación a los demás, sus expectativas, suposiciones, juicios, predicciones, respuestas y reacciones. Estudia patrones de relación a veces identificados como roles o categorías, y la formación de grupos e instituciones que derivan de estos patrones. Por ejemplo, «suegra» es tanto un rol (con una categoría) como una institución. En una comunidad, la organización social es la suma total de todas estas relaciones y patrones.
El nivel de organización (o complejidad de la organización), el grado de división del trabajo, el alcance de la división de roles y funciones es otro de los dieciséis elementos del fortalecimiento comunitario o capacidad organizativa. Cuanto más organizada y más eficientemente organizada es (y usted puede ayudarles a llegar a serlo), más capacidad tendrá para conseguir sus objetivos comunales u organizativos.
Al igual que las otras dimensiones, a lo largo de la historia la tendencia general ha ido de simple a compleja. En las sociedades antiguas simples, la familia era la comunidad y la sociedad. La familia definía todos los roles y categorías. Cuando las sociedades se sofisticaron, primero las familias se hicieron más complejas y después se desarrollaron y reconocieron nuevas relaciones no familiares. Más tarde, la propia familia vio disminuida su importancia relativa entre los diferentes tipos de relaciones.
Cada vez que se crea un nuevo rol, con sus deberes, responsabilidades, derechos y patrones de comportamiento, la sociedad se hace más compleja. Si estimula la formación de un nuevo comité de desarrollo, con sus puestos y miembros oficiales, la comunidad se hará mucho más compleja.
Una pequeña comunidad rural sin hospital ni escuela está probablemente compuesta de residentes relacionados entre sí por descendencia o matrimonio. Si anima a esta comunidad a construir una escuela u hospital, con profesores o sanitarios remunerados (normalmente foráneos), estará incrementando la complejidad social de esa comunidad. En este sentido, quizá la dimensión social es similar a la dimensión tecnológica en cuanto a su menor dificultad a la hora de introducir cambio social (comparando con las otras dimensiones, sobre todo las dos últimas) . Al igual que en todas las dimensiones, un cambio en una de ellas, como la dimensión social, tendrá efectos en todas las demás.
Para que el animador o activista tenga éxito, debe conocer cuáles son las instituciones locales, cuáles son los diferentes papeles que desempeñan los hombres y las mujeres, y cuáles son las formas más importantes de relación social.
La dimensión idiológica o de valores estéticos de la cultura:
Los tres ejes en los que la gente se basa para hacer juicios dependen de lo que aprenden desde la niñez. Los juicios entre bueno y malo, bien y mal, bonito y feo, siempre se basan en valores sociales y comunitarios. No se heredan por los genes, sino por medio de la socialización. Esto implica que se pueden volver a aprender, que podemos cambiar nuestros juicios.
No obstante, los valores son extremadamente difíciles de cambiar en una comunidad, especialmente si los residentes perciben que se está haciendo algún intento de cambiarlos. Cambian cuando evolucionan los modelos de la comunidad, pero una influencia exterior o una manipulación consciente no pueden acelerar ni dirigir ese cambio.
Los modelos compartidos por una comunidad son importantes en la identidad comunitaria y personal: quién es cada uno depende en buena medida de los valores en los que cree. El grado en el que los miembros de la comunidad u organización comparten valores o respetan los valores de los demás es un importante componente de los dieciséis elementos de fuerza y capacidad.
Los valores tienden a cambiar cuando la comunidad se hace más compleja, más heterogénea, más conectada con el mundo. Los cambios en los valores suelen ser más un resultado de los cambios en la tecnología, en la organización social, y menos de los discursos y las conferencias a favor de los cambios directos.
No parece haber una dirección generalizada en los cambios a lo largo de la historia humana, como que los juicios se hagan más liberales, más tolerantes, más católicos, más eclécticos ─o menos─ cuando las sociedades se hacen más complejas y sofisticadas. Las sociedades en ambos extremos del espectro de la complejidad social muestran modelos de diferentes grados o rigidez. A pesar de esa gama, dentro de cada comunidad sólo suele haber un estrecho margen de variación en los valores de sus residentes. Las comunidades urbanas y heterogéneas tienden a tener una mayor diversificación de valores y estéticas.
No es fácil predecir los modelos de valores de ninguna comunidad antes de ir a vivir en ella y averiguar cómo operar dentro de esa comunidad. No obstante, y a causa de su importancia, es necesario que usted, el activista, aprenda tanto como pueda sobre los modelos de la comunidad, y no suponga que será similar a la suya.
Aunque la introducción de nuevos servicios y prestaciones en una comunidad puede llevar en su momento a cambios en los modelos comunitarios, cualquier cosa que proponga el activista debe estar dentro del conjunto actual de valores de esa comunidad. Cada vez que un activista introduce nuevas formas de hacer las cosas en una comunidad, debe considerar los valores predominantes, aunque sean contradictorios y variados.
La dimensión conceptual y de creencias de la cultura:
Esta dimensión se considera en ocasiones similar a la religión de la gente. En realidad, es una categoría más amplia, y también incluye creencias ateas, como que el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza. Incluye creencias compartidas sobre la formación del universo, su forma de operar, y qué es realidad. Es religión. Y más cosas.
Cuando dejamos caer un lápiz al suelo, demostramos que creemos en la gravedad. Cuando decimos que el sol sale por las mañanas (no lo hace, es la tierra la que gira), expresamos nuestra visión del mundo.
Si se llega a considerar que usted, el activista, está atacando las creencias de la gente, encontrará obstáculos a su trabajo y oposición a usted y a sus metas, y fracasará como activista. Quiera o no quiera oponerse a las creencias locales, la comunidad debe considerar que no quiere cambiarlas.
A lo largo de la existencia de la humanidad, la tendencia general del cambio ha sido la disminución en el número de deidades, y una reducción en las diferencias entre el espacio sacro y profano para incrementar el espacio secular. Desde el politeísmo local con varios dioses, los humanos se desplazaron a un politeísmo con menos dioses. De ahí, los humanos pasaron al monoteísmo (un dios), y de ahí a un incremento en la proporción de gente que no cree en ningún dios.
En la experiencia de la humanidad, parece que esos grupos con dioses locales tradicionales tienden a ser más tolerantes con otros dioses que las religiones llamadas «universales», que se consideran a sí mismas únicas dueñas de la verdad. A causa de las religiones ha habido terribles guerras (irónicamente, la mayoría de las religiones predican la paz y la tolerancia), y esto debería poner sobre aviso al activista de la vehemencia con la que la gente se aferra a sus creencias.
El activista debe estudiar, aprender y ser muy consciente de las creencias predominantes en la comunidad. Para ser un catalizador efectivo del cambio social, el activista debe sugerir y promover acciones que no ofendan estas creencias predominantes, y que sean coherentes o al menos apropiadas a las creencias ─o conceptos de cómo funciona el universo─ ya existentes en la comunidad.
Todas las dimensiones se encuentran en cada porción de cultura:
Lo más importante que debe recordar es que en cada sociedad, comunidad o institución, en cada relación entre individuos, hay un elemento de cultura, lo que implica un poco de cada una de estas dimensiones culturales. Todo eso se aprende desde el nacimiento. El recién nacido es como un animal, todavía no es un ser humano, pero comienza a aprender cultura inmediatamente al relacionarse con otros humanos (por ejemplo, al mamar), y de este modo comienza a convertirse en humano. (Muchos dirán que el proceso de humanización comienza en el útero).
Este proceso de aprendizaje, y por lo tanto, de conversión, continúa hasta la muerte. Si no está aprendiendo, está muerto.
Cuando está en una reunión comunitaria, cuando está en una clase, cuando se encuentra con alguien cara a cara, en cualquier sitio que esté, usted forma parte de la cultura, del sistema sociocultural, y puede reconocer las seis dimensiones. En ocasiones, cuando intentamos estudiar objetivamente la cultura de una forma científica, olvidamos que nosotros mismos somos parte de esa cultura.
Las herramientas que utilizamos, las interacciones que ejercemos, las creencias y valores que poseemos forman parte de nuestra cultura, y de nuestra existencias como animales sociales. Si ejercemos nuestro trabajo como activistas en una comunidad distinta a la que crecimos, nuestra cultura será diferente de la de los residentes. Ver aculturación.
Tampoco estamos libres de esa obligación si intentamos movilizar nuestra propia comunidad. Un proverbio que ilustra un principio antropológico es «el pez que conoce la existencia del agua es un pez raro».
Como nuestra propia existencia y nuestro conocimiento de nosotros mismos es producto de nuestra cultura y de nuestra socialización dentro de ella, no somos conscientes de la naturaleza de esa cultura. Como un pez que nunca ha estado fuera del agua (y no es capaz de compararla con otros medios), no podemos existir ni existimos fuera de la cultura.
La interconexión tiene un uso práctico:
Para el animador social, o cualquiera que esté comprometido con actividades de desarrollo, la parte más importante de todo esto es la variedad de interconexiones entre las dimensiones culturales. Pueden estar relacionadas de forma causal o funcional. Por ejemplo, en el caso de la tecnología (contrariamente a lo que se suele pensar), tanto las herramientas como los conocimientos necesarios para usarlas, son parte de la cultura en la misma medida que las creencias, danzas o formas de asignar la riqueza.
Hacer cambios en cualquiera de las dimensiones tiene repercusiones en todas las demás. Introducir un nuevo método de obtención de agua, por ejemplo, requiere la introducción de nuevas instituciones para mantener el nuevo sistema de agua. Aprender cualquier forma nueva de hacer las cosas requerirá el aprendizaje, a su vez, de otros valores y otras percepciones. Los cambios en cualquier dimensión provocarán otros cambios, como las ondas en el agua de un estanque en calma cuando tiramos una piedra, y en último término, las seis dimensiones cambiarán.
Ignorar estas relaciones cuando se promueve la transferencia de tecnologías es arriesgado (pueden producirse resultados inesperados o no deseados). Tiene que observar cuidadosamente los cambios en la comunidad donde esté trabajando, y buscar las repercusiones que los cambios en cualquier dimensión tienen en las demás.
La interconexión afecta al cambio social:
Cambiar algo en cualquier dimensión cultural no sólo requiere cambios en otras dimensiones, sino que causa cambios en otras dimensiones. Por esto, es importante hacer evaluaciones de impacto social en todos los proyectos, sean grandes o pequeños.
Según vaya acumulando experiencia, comenzará a apreciar algunos cambios que aparecen como resultado de la introducción de nuevas formas de hacer las cosas. Cuanto más capaz sea de predecir estos cambios, más preparado estará ante ellos.
Cuanto más capaz sea de predecir cambios en cada dimensión, más fácil le resultará modificar sus acciones para que haya más posibilidades de que la comunidad cambie en la forma que usted desea. No obstante, recuerde que usted no es un ingeniero social, y no puede determinar con precisión la manera en la que una comunidad responderá a su trabajo.
Conclusión: El activista debe entender el concepto de comunidad:
Para ser más eficiente como activista, para potenciar o fortalecer comunidades, necesita conocer la naturaleza de estas comunidades y su comportamiento.
Las comunidades son organizaciones sociales o culturales, y como tales, se caracterizan por sus seis dimensiones culturales. Las comunidades no son lo mismo que sus individuos humanos, sino que crecen y cambian según su propia combinación de principios.
La clave para entender estas características y principios es conocer las seis dimensiones de la cultura y las relaciones entre ellas. Las conexiones entre estas dimensiones culturales (2) no son ni simples ni sencillas de predecir. El activista debe ser consciente de que existen, y estimular continuamente la observación, el análisis, el intercambio de ideas, la lectura y la asistencia a conferencias y seminarios. Al trabajar con una comunidad, el activista debe ir aprendiendo más sobre su cultura, y la dinámica de sus dimensiones culturales.
¿Qué es comunidad? La respuesta no es ni simple ni fácil de definir. No obstante, es importante que todos los activistas la entiendan.
Nota (1): Como ciencias sociales, no existe diferencia entre sociología y antropología. Estudian las mismas cosas y utilizan los mismos métodos científicos. Su diferencia reside en sus orígenes históricos. La antropología debe su origen al imperialismo europeo y su recopilación diletante de prácticcas y costumbres exóticas por parte de aristócratas adinerados que buscaban distracciones interesantes para terminar con su tedio. La sociología se origina en la revolución industrial y el incremento de las diferencias entre los propietarios de las fábricas y los obreros que sólo poseían su capacidad de trabajo. El estudio de las diferencias de clase se potenció con la intención de mitigar, si no eliminar, los abusos y la mala utilización de esas desigualdades en el poder. La palabra «antropología» está formada por la unión de dos palabras latinas, mientras que «sociología» se forma por una mezcla antinatural de una palabra griega con una latina.
Nota (2): Este documento no es teórico, sino que pretende presentar al activista la idea de que la sociedad es una entidad sociocultural más allá del conjunto de personas, y que es necesario comprender este principio para guiar la intervención movilizadora como factor de cambio social. Marx, por ejemplo, pensaba que las dos dimensiones culturales subyacentes, la tecnológica y la económica, cambiaban de acuerdo a algún tipo de dialéctica (por ejemplo, de agrícola a industrial), y las otras cuatro se adaptaban seguidamente a estos cambios materialistas. Weber, por el contrario, pensaba que las dos dimensiones superiores, valores (ideología) y percepciones (creencias) eran las primeras en cambiar (como en la revolución protestante), y las otras cuatro cambiaban como resultado (la revolución industrial). En la actualidad, no vemos las interrelaciones entre las dimensiones de una forma tan simplista ─y existe un debate considerable sobre la interpretación─, pero seguimos reconociendo que están relacionadas entre sí.
Ver fotos en: http://faculty.olympic.edu/cbarker/deadsociologistsociety.htm
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